viernes, 13 de mayo de 2016

El pacto de Florencia Gattari y Sebastián Vargas. (Editorial SM)

Escena del profesor de Administración.

"Ahora se me junta lo que pasó con Manuel en la clase de Administración, con eso que vos me habías dicho antes. Pero lo cierto es que en el momento no pensé nada. Yo estaba indignada. Furiosa. Quizá tu lección me empujó o me dio permiso. Pero mi furia era mía y era de verdad.
                El estúpido de Administración había sido así todo el año: estúpido. Seoane se llamaba, seguro que lo tuviste. Nos miraba con desprecio, como si él fuera de una raza superior y lejana de un planeta avanzado que ni siquiera podíamos imaginar. Y tenía una facilidad: encontrar el borde del insulto. Decía cosas que eran incómodas, y después: "Fulanito, usted no se va a ofender por una chanza, ¿verdad?". Pero no eran chistes. O era un modo del humor que le daba gracia a él solo. Como decirle que no se pusiera pesada a la gorda Velázquez.
                La cuestión era que lo estaba llamando a Manuel y Manuel no se enteraba. Yo lo pateaba por abajo del banco, pero él ni. Se cuelga un montón Manuel. Es como si estuviera en otro lado, todavía le pasa. El tipo lo llamó dos veces y después dijo: "Aquí, Mercado, en el pizarrón. Soy la voz que habla fuera de su cabeza". Pero lo dijo mirando al resto del curso, porque eso era lo otro horrible que tenía el viejo: dividía. Te ponía en la situación de mierda de reírte de tus compañeros.
                A mi me subió una cosa caliente por el cuerpo hasta las manos. Como de querer golpearlo al tipo. Quiero decir: Hay un límite. No jodés con un flaco que la está pasando mal. No te metés con lo que le pasa en su cabeza. Aguanté. Pero Seoane siguió diciendo que en todo curso había un poeta y un loco, que nosotros de poetas andábamos pobres pero con el loco nos habíamos esmerado. O algo así. Algo que ya ni siquiera era para que Manuel le diera bola. Hablaba de él como si él no existiera. Como si no estuviera ahí. Y encima insistía: "Aquí, Mercado, aquí" Y le pasaba una mano por adelante. Manuel estaba perdido en su mundo, qué sé yo. Pero yo estaba al lado y lo veía al tipo pasando su manota por delante de nuestras caras como saludan las reinas del alcaucil. Me enfurecía.
                Y entonces no aguanté más. Me paré y le dije: "Basta". El tipo me miró y yo le grité que dejara de molestarlo a Manuel.
                Sí, bueno. Lo mío no es el ingenio, ya sabemos. Pero la furia se me escuchó clarita, y alguien del fondo dijo "Ay, la novia de Mercado" y Natalia le retrucó "No seas tarado".
                Me llevé Administración. A diciembre, a marzo, a la China, a la próxima vida si hay otra. Y me gané la creatividad de Seoane hasta fin de año, hasta que me fui. Petrificada, empetrolada, putrefacta, por ejemplo, eran palabras que se le ocurrían para referirse a mí, a mis cosas. Fue él el que me dijo que eran muy considerados unos padres que le habían puesto a su hija el nombre de un lugar en ruinas."


Contado por el profesor (según autores varios)



Bueno, resulta que yo estaba dando la clase a esos jóvenes mas primitivos que el Homo erectus. Pedirles que piensen es como pedirle a la gorda Velázques que no se ponga pesada. Bueno, como decía, estaba dando clase cuando noto que el señor Mercado estaba en otro planeta, o hasta en otra galaxia, como era su costumbre. Decidí bromear un poco moviendo mi mano frente a sus ojos para que reaccione y que sus compañeros se unan a la burla, pero nada. En toda clase hay un poeta y un loco. Ellos de poetas están pobres, pero con el loco se habían esmerado... Seguí así, hasta que la empetrolada me frenó con un grito al aire, 'BASTA'... Pobre putrefacta Ja ja ja, lo suyo no es el ingenio. Seguramente le gusta el colgado, hasta se escuchaban a los compañeros del fondo diciendo eso. Se llevará mi materia hasta quién sabe cuando, pero  este chico Mercado ¿No se va a ofender por una chanza, no?
(Ralph)

Llegué ese día al colegio con ojeras de dos metros. Mi gato me había despertado en el medio de la noche, resulta que tuvo un pesadilla. Pobre bicho… Lo culpo por mis mañanas de mierda, bah, mañanas comunes… siempre lo mismo. La alarma suena y la apagó, vuelve a sonar, la vuelvo a apagar. Es como un botón que me aleja de la realidad por un momento… lo aprovecho. En fin, me levanto y me quedan 20 minutos para alistarme. Voy a la cocina, agarro una lonja de pan que ni siquiera tengo tiempo de tostar, le pongo manteca y lo como mientras agarro, es decir, tiro la ropa hasta encontrar algo que sea decente. Me visto mientras me cepillo los dientes y corro a la puerta donde me esperan en la mesada mis anteojos, las llaves y claro, los folios del colegio… el botón de la realidad fue activado, para mi desgracia...
Llegué un poco tarde a la clase pero nadie se quejó, al contrario, los alumnos adoran que los profesores se retrasen. Yo, de todas formas, no tenía la menor intención de abrir esa puerta para encontrarme a esos pendejos irrespetuosos del otro lado.
Tuve que empezar la clase porque si no, no cobro. Así que junté todas mis fuerzas, abrí la puerta y empecé. Abran todos sus carpetas  y el libro en la página 233...
Pero claro… yo me re esfuerzo pero los pendejos no hacen nada. Unos hablando a más no poder y susurrando secretitos, otros pasando papelitos por ahí, otros dibujando y otros usando el celular escondidos pensando que no me doy cuenta… Y ni hablar de Manuel, ahí como siempre en el planeta quiensabedónde pensando en quiensabequé. ¡Siempre lo mismo con este! Me pregunto en qué puede pensar tanto y que encima lo separe por completo de lo que pasa… yo la verdad lo tomé como una oportunidad para reírme un poco en esa mañana asquerosa. Aparte… chiste que va, chiste que viene. Manuel, el loco de la clase… se me ocurrió vincularlo con lo que dicen, siempre hay un loco y un poeta… la verdad me salió perfecto y él seguía quiensabedónde pensando en quiensabequé…me reí un rato.
Pero tenía que estar la noviecita claro, Petra. No esa ciudad maravillosa, fascinante, distinta, que me encantaría visitar, sino una pendeja mal educada. De la nada se para y me grita que me pasé de la raya, que queséyo y que noséqué, que basta, que pare. Todo gritando… ¿Que no sabe todavía que yo soy superior a ella?
La bajé de la nube de pedo… Se llevó mi materia a la China. Petra a la China y si pudiera a Saturno.
De todas formas, ahora veo claro y me doy cuenta… Yo apago el despertador así como Manuel se va en sus pensamientos… todos tenemos un cierto botón que apaga la realidad por un momento. Pero el botón es distinto y no por eso tiene que ser “raro” y no por eso tiene que estar “loco”. Así que la próxima vez voy a aceptar que empieza la realidad, no culpar a mi gato por mis ojeras y tampoco al próximo Manuel por mi mal humor.

(Kira y Tomás)



Llegué a la clase. Mientras explicaba, vi que Manuel Mercado no me estaba escuchando. Primero, con un tono bajo, lo comencé a llamar, no me escuchaba, estaba en otra. Subí el tono, pero Manuel seguía en Marte. Tampoco conseguí su atención pasándole mi mano por su rostro, era imposible. En un momento se paró una nenita de su silla, la nueva, y comenzó a gritarme cosas que ya ni me acuerdo. La mandé a diciembre, a enero y a febrero, se lo merecía por su mala actitud. O sea, (no defendés a tu amiguito Manuel si lo reto, porque sabés que te voy a terminar retando a vos, pendeja).

(Maia, Eitan, Enrique)



Me levanté con la alarma a las 5:30 am, con el ruido molesto, como si un pájaro carpintero me estuviese picoteando el oído. Me puse la camisa que me da picazón y sarpullido, la corbata ridícula que me obligaban a ponerme, mis pantalones ajustados con el cinturón que me asfixiaba la barriga, y mis zapatos olorosos que jamás había lavado en mi vida. Me dirigí hacia la cocina. Saqué el pan de la heladera y lo introduje en la tostadora. Al sacarlo noté que estaba negro. Pero no me importaba. Iba a tener un día de mierda, como siempre. Así que la unté con mi mermelada de frutilla, agarré mis llaves y me fui. Subí al auto con la tostada en mi mano izquierda y las llaves en la otra. Empecé a conducir hacia la mugrosa escuela, donde me encontraría a los insufribles, insoportables, imbancables alumnos. Mientras manejaba, probé la tostada, o más bien, la roca. Estaba horrible, tenía gusto a caca. Un pelotudo de adelante que iba en un volkswagen no había visto el semáforo en rojo, así que le pintó clavar los frenos de golpe, y como consecuencia, tuve que hacer lo mismo. La tostada cayó en mi pecho, dejándome la camisa blanca y la corbata roñosa llena de mermelada roja. Largué un grito, más fuerte que la sirena de una ambulancia. Saqué un papel que encontré en la guantera y me limpié. Seguí manejando a pesar de mi furia. Finalmente llegué al colegio. Me tocaba la clase de administración. Entré a la sala de profesores a agarrarme mi cortado matutino. Nadie se percató de mi frutilla en la camisa, por suerte, o eso eso era lo que pensaba porque siempre oía un constante murmullo detrás mío. Tocó el timbre. Era el momento de ingresar al aula. 4toB. No, por favor, esos alumnos no. Esos pendejos inmaduros no me dejaban tranquilo, gritaban toda la clase como si fuese un loquero. Me senté en mi silla, toda rota, claro, no fue una buena idea. Estos pendejos me habían clavado tres chinches incrustados en el asiento, sin embargo, me propuse dar la clase. Iba haciendo preguntas al azar, a nadie en particular, eran todos igual de inútiles, no había un pibe decente. Pero este chico Mechado, o Mercado, no me acuerdo. En fin, ese pibe era diferente. Vivía en otro mundo, no le importaba nada. Ni reaccionaba al hablarle. Parecía un muerto viviente. Alguien tenía que despertarlo. Le empecé a hacer señas, gestos, da igual. El tema era que el pendejito hablaba con su conciencia. En fin, el pibe no cedía, ni enterado de la situación. Estaba por darme por vencido, hasta que una piba que jamás había registrado se levantó y me gritó, me reclamó, me desafió. ¿Quién se creía? ¿La abogada del pueblo? Ya va a ver, de esta materia no sale más, no hasta que aprenda sobre el respeto. Me levanté de mi silla, me dirigí hacia la sala de profesores, y bueno, acá estoy, contándote la historia de mi día de mierda.

(Daniela y Solana)


Hace un tiempo tuve unos problemas con un alumno,  Manuel Mercado. Debido a su mal comportamiento yo lo retaba. Yo no estaba en mis mejores días, es más, estaba de malas pero claro que este alumno no era un santo. Él no prestaba atención en clase. Yo le llamaba la atención, pero nada. Él ni me registraba. Claro que me enojé y alguna pavadita le habré dicho. Nada que fuera para tanto. De la nada su noviecita salta, reclamándome que dejara de molestarlo, lo que no era verdad. Fue tan malo el comportamiento de la empetrolada que era lógico que se lleve la materia. Después de que terminé la clase, hablé con Mercado quien no estaba ni enterado de lo ocurrido en clase. Esta chica sabía de la materia, pero su comportamiento no la favorecía así que reprobó el año. Se llevó la materia a diciembre, enero,  febrero, a la china!

(Iara)



El otro día yo estaba en el colegio Santa Inés dando clase de administración (el día que nos reunimos en el Starbucks), y les había dado una tarea para ese día. Les pedí a mis alumnos que me la entregaran y el único que no la entregó fue Manuel Mercado. Empecé a bromear porque no trajo la tarea hasta que una irrespetuosa alumna llamada Petra grito “¡¡¡bastaaa!!!”.¿A vos te parece que una alumna haga eso? Una desubicada, la verdad. Yo enojadísimo, la regañe y la burlé como a Manuel y le dije que la iba a mandar a diciembre. Después fuimos a dialogar con la directora (mi jefa) sobre el tema. Reconocí enfrente de ellos  que estuvo mal haber tratado así a Manuel y a Petra , pero que no estuvo bien la manera en la que Petra se dirigió a mí. Al día siguiente fui a pedirle disculpas a Manuel y le dije que me traiga la tarea para la próxima clase.

(Hernán)



Estaba indignado. El comportamiento de mis alumnos es inaceptable. Pero más el de Manuel Mercado. Cada vez que le hablo no me contesta ni me mira. Y yo lo único que puedo hacer es empezar a hacerle chistes.  Mi modo de dar clase es hacerle un poco de chistes como ellos me lo hacen a mí.  Encima la alumna Petra lo defiende y después se queja de que la mando a diciembre. Lo único que quiero es que sean exitosos en la vida, y claro, se necesita que los exijan. Si no les gusta a los chicos la forma en que yo enseño, puedo renunciar e irme a enseñarle a alguien que me valore como profesor.

(Meirab y Carolina)

-Hola Mariano!
No sabés lo que pasó en mi clase, un chiruso se quedó en la luna y no había cohete para traerlo. Me acerqué y le pasé la mano por delante una y otra vez y el mocoso, ni pestañeaba.
De repente, saltó una niña insolente a defenderlo y me hizo un reclamo, ¡a mí! ¿quién se cree?, yo soy la autoridad acá ¿o no?
-Pero Seoane, a mí me parece que...
-Les hago un montón de chistes y ni con uno se ríen. ¡Son unos pendejos sin sentido del humor!
¿Sabes que? A la pendeja demonio que me insultó la mandé a diciembre, a marzo a la luna.
A ver si aprende de una vez que conmigo no se tiene que meter porque le haré la vida imposible, ¡la pucha, che!! (golpea el banco)
Adiós, Mariano. Me voy a otra clase, deseáme suerte.

-Hasta luego! (cierra la puerta de un portazo)

(Nuni y Nicky)





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